“Estaba de pie al sol un día rodeado por un enorme rebaño de ovejas. El granjero llegó en su camión, salió, y estaba de pie inmóvil, apoyándose sobre su palo. Inmediatamente algunas de las ovejas empezaron a caminar hacia él y en unos minutos era como el Éxodo. Cientos de ovejas estaban siguiendo esas pocas al frente. A cualquier rezagado que no se ajustó a esta mentalidad “baa, baa” le fue dada una dosis de miedo del perro ovejero y luego también se apresuró en la línea. En un tiempo ridículamente corto esta combinación del “baa, baa”, y el miedo habían acorralado la inmensa manada entera. Todo lo que tomó era un hombre que hacía muy poco y un perro ovejero distribuyendo el miedo.”

Independientemente del carácter más o menos llamativo que el autor se proponga en su libro y, del que los escritores del blog donde lo encontré pretendieran, esta reflexión muestra una de las ideas más globalmente generalizadas: el ser humano como un rebaño. Muchas veces esa semejanza lleva a comparar al ser humano con una oveja que se mueve al mismo ritmo que sus iguales y que es dominada por un pastor (figura de poder que guía y dice que hacer). Dentro de ese rebaño existirían otros tantos factores que vendrían a conformar y limitar la libertad de cada oveja en particular en beneficio del pastor. No obstante, si no tuviésemos ese rebaño ¿qué seríamos? Pensemos por una parte que seríamos sin nuestros grupos, sin parte de las limitaciones que la sociedad nos impone. No confundáis lo que pretendo mostrar, solo quiero una visión distinta a la que todos tenemos por grupo en cuanto a rebaño, ya tenemos lo negativo, lo que limita, busquemos algo más.

Somos lo que somos en parte porque estamos en un contexto, ese contexto rige nuestra forma de actuar en nuestros primeros años, moldea el material con el que estamos hechos hasta crear un algo semejante a los de nuestro entorno y, en parte, eso no es del todo negativo ya que en definitiva nos conforma como individuos sociales que somos. Pensemos que no existiera ese grupo, que cada uno hiciera lo que quisiera (sin ningún tipo de norma ni limitación ¿a qué estaría bien algún tiempo?)… ¿no es cierto que sería prácticamente imposible no enmarcarlo en un contexto? ¿qué tal convivencia de seres independientes no sería extremadamente complicado?. Por esta parte, comprendo que muestre aquí una visión un tanto conformista, un “bee bee” (término del autor) que hace que la oveja descarriada vuelva rápidamente al rebaño pero no más lejos de mi intención. La presión del grupo puede ser fuerte hasta con la percepción de unas simples cartulinas como veíamos con Asch, se utiliza para guiarnos hasta lo que algunos quieren, es un medio para conseguir un fin (más o menos positivo) y todos lo sabemos. Pero, ese aprendizaje de nuestro entorno, llevado acabo por nuestros padres y posteriormente por la escuela, los amigos, etc. nos enmarca dentro de un contexto tan importante como es aquel que nos proporciona cierta parte de nuestra identidad.

Ciertamente, como dice el autor, nuestra libertad se ve cuartada por una conformidad y uniformidad a veces extrema pero, no hay que olvidar que importante es sentirnos dentro de un grupo, pertenecer a ese algo, y que quizás por ello sea muchas veces tan aparentemente simple encarrilar a un gran número de personas hacia lo que algunos quieren debido a la necesidad de pertenencia (no hay que olvidar que los grupos son una fuente de refuerzos… y de preocupaciones).

No obstante, sabemos que dentro de un grupo (ser humano) hay muchos más grupos distinguidos por varios aspectos (raza, nivel socioeconómico, etc.) que entienden que hay desigualdades entre ellos y que confrontan sus intereses con otros seres humanos; que dentro de esos grupos pueden darse distintos líderes y que no todos tienen un perro que difunde el miedo (o eso pretendo creer).

Vía: El proyecto matriz